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Ecuador perdió USD 1.300 millones por no conectar la subestación Shushufindi desde 2018


Una infraestructura clave terminada en 2018 permanece inactiva por la falta de una conexión de apenas tres kilómetros. El Estado ha “quemado” más de USD 1.300 millones en diésel importado, dinero suficiente para construir casi dos hidroeléctricas como Sopladora.

En la provincia amazónica de Sucumbíos, la subestación eléctrica de Shushufindi —un proyecto de USD 27 millones terminado en febrero de 2018 y construido en el Gobierno de la Revolución Ciudadana— está listo para operar, pero no lo hace. Para lograrlo, el gobierno debe construir 3 kilómetros de interconexión para alimentar a la Refinería de Shushufindi y a los campos petroleros con energía limpia del Sistema Nacional Interconectado (SNI).

Esta omisión ocasiona un verdadero golpe económicos a las arcas de la estatal petrolera Petroecuador, pues actualmente se calcula que gasta USD 355 millones en la compra e importación de combustibles fósiles (principalmente diésel y crudo) para generar electricidad en sus campos petroleros.

De existir esta interconexión eléctrica, este sería el monto que dejaría de gastar por el no uso de combustible fósil para la generación eléctrica en los campos y bloques petroleros.

Según las características de la infraestructura, la Subestación Shushufindi está proyectada para atender los requerimientos de 22 bloques petroleros operativos. Entre los principales campos que se beneficiarían de esta energía limpia y barata se encuentran:

  • Bloque 43-ITT (Ishpingo-Tambococha-Tiputini): El campo con mayor proyección del país, que actualmente está en un cierre progresivo de sus operaciones.
  • Sacha: Considerado la “joya de la corona”, cuya producción se ve afectada frecuentemente por fallas eléctricas en el sistema actual.
  • Auca, Cuyabeno e Indillana: Bloques de alta producción que requieren un suministro estable para incrementar su extracción.
  • Otros campos: La red conectada a Shushufindi podría energizar también a Vergel, ZPF, Culebra, Yuca, Auca Sur, CPF, Aguarico, Secoya y Atacapi.

La capacidad de la subestación Shushufindi es clave porque permite cubrir casi la totalidad de la demanda eléctrica de los campos petroleros en la Amazonía, la cual se estima en unos 300 MW.

Se pudo construir dos hidroeléctricas

La inacción estatal desde 2018 ha generado un perjuicio acumulado. USD 355 millones al año destina aproximadamente Petroecuador en la compra e importación de combustibles fósiles para la generación eléctrica.

Cálculos oficiales señalan que si se concreta la interconexión con la subestación Shushufindi, Petroecuador dejaría de quemar diésel propio y rentado, pero pasaría a comprar energía limpia al SNI. El costo estimado de esta nueva factura eléctrica sería de USD 190 millones anuales.

Es decir, si la subestación hubiera operado desde su terminación, el país habría ahorrado USD 165 millones cada año.

Actualmente, la generación a diésel le cuesta a Petroecuador USD 0,18 centavos por kWh, mientras que expertos señalan que el costo real con diésel importado en 2025 superó los USD 0,35 centavos, frente a los USD 0,7 centavos que costaría la energía de las hidroeléctricas.

Esta diferencia de casi cinco veces el costo es lo que el Estado ecuatoriano termina pagando a proveedores privados en lugar de usar su propia infraestructura

Así, tomando como referencia los USD 165 millones de ahorro anual, en los ocho años que la subestación no está operativa, Ecuador ha malgastado aproximadamente USD 1.361 millones en la compra de combustibles para pozos petroleros.

Para dimensionar esta cifra: la construcción de la central hidroeléctrica Sopladora costó unos USD 755 millones. Con el dinero que el Estado “quemó” por no conectar Shushufindi, Ecuador podría haber financiado casi dos centrales hidroeléctricas completas del tamaño de Sopladora, inyectando más de 900 megavatios (MW) de energía firme al sistema nacional y así evitar apagones.

900 megavatios que serían clave actualmente, en medio de una crisis eléctrica que amenaza con nuevos apagones en todo el país generalizados en el último trimestre de 2026 cuando arranque la época de estiaje. De hecho, ya se han registrado cortes de luz por el incremento de la demanda eléctrica a nivel nacional, aunque el Gobierno de Daniel Noboa ha minimizado aquello diciendo que son “desconexiones programadas”.

¿Cómo empezó todo?

Desde el inicio del proyecto en 2015, el convenio de cooperación firmado entre la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec) y la entonces Petroamazonas EP (hoy Petroecuador), se definió que Celec cumpliría con la construcción de la subestación Shushufindi, algo que sí lo hizo, mientras que Petroecuador asumía la responsabilidad de construir la línea de interconexión de 138 kV para unir sus sistemas con dicha infraestructura con la Refinería de Shushufindi y los campos petroleros: es aquí donde está el problema.

Celec cumplió con su parte del convenio al finalizar la construcción de la subestación en febrero de 2018, pero Petroecuador no cumplió su parte.

En noviembre de 2016, mediante un oficio oficial (MEM-VEER-2022-0351-OF), Petroecuador notificó que no podría concretar la conexión de 138 kV debido a “restricciones presupuestarias”.

Según exautoridades del Ministerio de Energía consultadas por Radio Pichincha, resulta contradictorio que la empresa alegara falta de fondos para una obra de aproximadamente USD 3 millones, cuando el gasto anual en combustible para generación eléctrica asciende a USD 355 millones.

Una exviceministra de Estado -que prefirió no ser identificada- cuestiona esta lógica. “Petroecuador dice: yo no me voy a poder interconectar porque no tengo plata para construir 3 km de línea, pero es una empresa pública que tiene muchísimo dinero”.

¿Quién gana por la falta de interconexión?

Petroecuador no solo compra el combustible, sino que también renta costosos grupos generadores que funcionan con diésel.

Fuentes consultadas explican que la interconexión eléctrica que falta podría suplir la demanda de combustible para generar energía en los pozos petroleros.

La persistencia de este gasto no parece ser accidental, pues detrás de eso, se esconden intereses privados: los importadores de combustibles y las empresas de generación termoeléctrica privada.

El exministro de Energía Fernando Santos Alvite reconoció que “los intereses de las compañías que producen energía con diésel han sido tan poderosos que esta licitación para interconectar los campos petroleros con el Sistema Nacional Interconectado ha fracasado cinco veces”.

Como “parche”, la estatal Petroecuador se ancló a la subestación Jivino, que tiene una capacidad de transferencia de energía muy limitada que bordea los 50 megavatios. En cambio, Shushufindi podría entregar hasta 280 MW.

Jivino es operada por Celec desde septiembre de 2017. Actualmente es el único punto de conexión que permite al Sistema Eléctrico Interconectado Petrolero (SEIP) recibir energía hidroeléctrica del Sistema Nacional Interconectado (SNI).

Mecheros: Energía que se hace ‘humo’

Mientras tanto, Petroecuador sigue quemando gas en los mecheros.

Cálculos de exfuncionarios de Petroecuador señalan que el gas quemado tiene un potencial de generación de entre 50 y 70 MW.

“Ese gas lo pueden utilizar para producir energía eléctrica, solventan las necesidades en los campos petroleros y tener excedentes inyectarían al sistema nacional”, explica la exviceministra de Electricidad.

Y, para colmo -dicen las fuentes consultadas- es que Petroecuador continúa apagando los mecheros por decisión judicial. Según la estatal petrolera, hasta 2025 se apagaron 170 mecheros.

Sin embargo, el problema técnico persiste.

Pues, apagar un mechero significa dejar de producir el pozo petrolero, ya que este hidrocarburo sale durante la perforación. Entonces, la subestación Shushufindi se podría convertir en un nodo para recibir y distribuir esa potencia eléctrica que podría provenir del gas asociado.

Subestación Shushufindi, subutilizada

La subestación Shushufindi, construida por la empresa china Harbin y AG Construcciones, cuenta con un transformador de 300 MVA (Mega Voltio-Amperios), que representa la capacidad nominal de potencia del autotransformador que se encuentra instalado y energizado desde febrero de 2018, suficiente para inyectar unos 280 MW de generación térmica.

Además de alimentar energía a los campos petroleros, la subestación funcionaría como un nodo estratégico para inyectar al sistema nacional entre 50 y 70 MW que podrían generarse aprovechando el gas asociado que actualmente se desperdicia en los mecheros, lo que ayudaría a reducir el riesgo de apagones.

Radio Pichincha solicitó información a Petroecuador sobre el gasto en combustible para la generación eléctrica y sobre por qué no construyen la interconexión eléctrica de 3 kilómetros, pero hasta el cierre de la edición no hubo una respuesta.

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