
Fuentes de inteligencia militar reconocen falta de medios, desgaste operativo y priorización de tareas internas que han reducido el patrullaje en zonas estratégicas de la Amazonía.
Militares ecuatorianos han reconocido limitaciones técnicas, operativas y logísticas que han debilitado el control estatal en zonas fronterizas y en las principales vías de la Amazonía, en medio de la estrategia de seguridad impulsada por el gobierno de Daniel Noboa tras la declaratoria de conflicto armado interno en enero de 2024.
Según testimonios recogidos por el portal de investigación La Barra Espaciadora, miembros del sistema de inteligencia militar admiten que las Fuerzas Armadas enfrentan serias dificultades para mantener una presencia efectiva en la frontera con Colombia debido a la falta de:
- Equipamiento.
- Desgaste del personal.
- Multiplicidad de tareas de seguridad interna que actualmente desempeñan.
Uno de los oficiales consultados, relató que en patrullajes realizados en sectores fronterizos de la provincia de Sucumbíos -cerca del departamento colombiano de Nariño- quedó en evidencia que tanto el Ejército ecuatoriano como el colombiano enfrentan dificultades para cubrir amplias zonas selváticas.
“Para los dos ejércitos es difícil cubrir las zonas de frontera por la falta de medios”, señaló el oficial.
El militar explicó que gran parte del personal se encuentra asignado a actividades que antes eran responsabilidad de la Policía, lo que ha reducido significativamente las operaciones de vigilancia fronteriza.
“Estamos en las cárceles, estamos haciendo control de armas y explosivos, atendiendo emergencias por derrames petroleros y protegiendo oleoductos. Lo que menos estamos haciendo es patrullar la frontera”, reconoció.
Seguridad interna desplaza control territorial
De acuerdo con fuentes militares citadas en el reportaje, hasta finales de 2025 había más de mil efectivos destinados a provincias fronterizas que se extienden desde el Pacífico hasta la Amazonía.
Sin embargo, cerca del 70% de ese personal está enfocado en tareas de seguridad interna.
Esta redistribución de funciones se produjo tras la declaratoria del conflicto armado interno realizada por el gobierno de Noboa, una decisión que permitió ampliar el rol de las Fuerzas Armadas en operativos contra organizaciones criminales dentro del país.
No obstante, analistas y organizaciones de derechos humanos han cuestionado esa estrategia, al considerar que no cumple con los criterios jurídicos internacionales para catalogar la situación como un conflicto armado.
Falta de equipamiento y desgaste del personal
Otra fuente del sistema de inteligencia militar, también reconoció que las Fuerzas Armadas carecen de los recursos necesarios para enfrentar las amenazas en la región amazónica.
“No es solo mandar gente a la frontera. Se necesita tecnología, helicópteros, aviones, buques. Para cumplir todas las tareas hay que estar bien equipados”, afirmó.
El oficial también advirtió sobre el desgaste que ha provocado la participación prolongada de militares en tareas de seguridad interna.
“Ya la gente empieza a corromperse o a tirar la toalla. Hay problemas de indisciplina y muchos buscan mecanismos para retirarse”, lamentó.
Ausencia de una estrategia integral
Especialistas en seguridad consideran que el problema de fondo es la falta de una política pública integral para la Amazonía.
La politóloga Katherine Herrera, experta en seguridad y defensa, explicó a la Barra Espaciadora, que las acciones del Estado se han limitado a operativos puntuales sin una presencia permanente que permita recuperar el control territorial.
“Las actuaciones de las Fuerzas Armadas se quedan en respuestas inmediatas y coyunturales. No hay una estrategia sostenida para la Amazonía”, advirtió.
La investigadora considera que la complejidad geográfica, social y cultural de la región exige políticas diferenciadas que incluyan a las comunidades indígenas y fortalezcan la presencia institucional.
Mientras tanto, en extensas zonas de la frontera norte, el avance de las economías ilegales y de los grupos armados continúa en medio de un escenario que, según los propios militares, evidencia debilidades estructurales del Estado para ejercer control efectivo en la Amazonía ecuatoriana.
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