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Revisar columnas, vigas, cimentaciones y ampliaciones realizadas con el paso de los años puede ayudar a identificar posibles vulnerabilidades.
Durante el primer trimestre de 2026 se gestionaron 2.965 permisos de construcción en 15 municipios del país, una cifra superior a la registrada en el mismo periodo del año anterior, según el boletín informativo publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) en julio.
En ese periodo se registraron 4.048 edificaciones por construir, con una fuerte concentración en las zonas urbanas, donde se localiza el 78,41% de los proyectos. Quito y Guayaquil concentran el 58,55% de las viviendas proyectadas, mientras que el 90,62% de los permisos corresponde a construcciones residenciales. Las obras nuevas representan el 84,07% del total, muy por encima de las ampliaciones y reconstrucciones.
Pero mientras las ciudades continúan creciendo, los recientes terremotos registrados en la región vuelven a colocar una pregunta sobre la mesa: ¿qué tan preparado está Ecuador y, particularmente Quito, para enfrentar un sismo de gran magnitud?
El problema no radica únicamente en la amenaza sísmica, sino también en la vulnerabilidad de miles de edificaciones y en la capacidad de las instituciones y de la ciudadanía para reducir el riesgo antes de que ocurra una emergencia.
La construcción informal, uno de los mayores riesgos de Quito
El arquitecto Handel Guayasamín advierte que cerca del 70% de las construcciones en Quito serían informales, es decir, edificaciones levantadas sin certificación técnica o sin planos estructurales debidamente revisados.
La arquitecta España Arévalo coincide en que existe un elevado nivel de informalidad y considera especialmente preocupante la situación de la vivienda popular. Señala que existen estudios que muestran altos niveles de vulnerabilidad en sectores periféricos y en construcciones levantadas sobre suelos blandos o rellenos, así como viviendas ejecutadas sin estudios geotécnicos ni diseños estructurales adecuados.
Entre las zonas que requieren especial atención menciona el Centro Histórico, debido a la presencia de edificaciones antiguas, algunas construidas antes de las actuales normas sismorresistentes, además de sectores como La Mariscal, Chimbacalle y La Magdalena.
En el sur de Quito, la especialista identifica sectores como Solanda, El Recreo, Chillogallo, Guamaní y Turubamba, donde confluyen factores como características particulares del suelo, antigüedad de determinadas construcciones y crecimiento urbano informal.
También advierte sobre barrios periféricos del norte, sur y occidente de la ciudad, donde la expansión urbana sin suficiente supervisión técnica puede estar acompañada de materiales inadecuados, cimentaciones deficientes o construcciones próximas a quebradas.
Frente a este escenario, los especialistas plantean pasar de una política concentrada en reaccionar después de una emergencia a una estrategia permanente de prevención, evaluación y reforzamiento estructural.
La secretaria de Gestión de Riesgos del Municipio de Quito, Patricia Carrillo, reconoce que la velocidad con la que ha crecido la ciudad supera la capacidad operativa de control municipal y sostiene que la reducción del riesgo requiere una política coordinada entre Municipio, Gobierno Nacional y ciudadanía.
¿Qué debe hacer Quito para reducir el riesgo?
1. Identificar las construcciones más vulnerables
Una de las primeras acciones debería ser determinar con mayor precisión qué viviendas, edificios y sectores presentan mayor vulnerabilidad estructural.
Guayasamín propone crear una Unidad de Aseguramiento Estructural encargada de monitorear las edificaciones de Quito y establecer prioridades de intervención.
La evaluación debería considerar factores como antigüedad, materiales utilizados, número de pisos, ubicación, características del suelo y existencia o ausencia de diseños estructurales.
Quito tampoco presenta condiciones homogéneas. Existen sectores asentados sobre suelos firmes y otros sobre terrenos más blandos, por lo que las estructuras pueden responder de manera diferente ante las ondas sísmicas.
La prevención debería comenzar, por tanto, con mapas actualizados de vulnerabilidad y evaluaciones estructurales que permitan determinar dónde intervenir primero.
2. Reforzar las viviendas informales
Uno de los mayores desafíos se encuentra en las viviendas construidas progresivamente y sin asesoramiento técnico especializado.
Guayasamín denomina a este fenómeno la “arquitectura de la esperanza”: familias que dejan columnas y varillas preparadas para levantar nuevos pisos cuando mejoran sus ingresos o aumenta el número de integrantes del hogar.
El riesgo aparece cuando una vivienda originalmente concebida para uno o dos niveles termina teniendo cuatro, cinco o incluso seis pisos sin que columnas, vigas o cimentaciones hayan sido calculadas para soportar esas cargas.
La respuesta, según los especialistas, no debería limitarse a sancionar la informalidad. Quito necesita programas de evaluación y reforzamiento estructural de viviendas, priorizando los sectores de mayor vulnerabilidad.
Universidades, facultades de Ingeniería y Arquitectura, colegios profesionales y especialistas podrían participar en programas de asistencia técnica para ampliar la capacidad de diagnóstico e intervención.
3. Créditos baratos para reforzar las viviendas
Detectar que una casa es vulnerable resulta insuficiente si sus propietarios no cuentan con dinero para corregir las deficiencias.
Guayasamín plantea establecer bonos de aseguramiento y créditos de bajo interés destinados específicamente al reforzamiento estructural.
Esto permitiría enfrentar una de las causas que alimentan la informalidad: el costo de contratar profesionales, realizar estudios técnicos y ejecutar las adecuaciones necesarias.
Un programa de financiamiento para reforzar columnas, vigas, cimentaciones, muros y otros elementos críticos podría convertirse en una política pública directamente vinculada con la protección de vidas.
La prevención sísmica, bajo esta perspectiva, no debería depender exclusivamente de la capacidad económica de cada familia.
4. Hospitales y escuelas deben ser prioridad
La seguridad de hospitales, centros de salud, escuelas y otras instalaciones esenciales requiere especial atención porque estas estructuras deben continuar funcionando precisamente después de una emergencia.
Un hospital gravemente afectado durante un terremoto no solo representa un peligro para quienes se encuentran en su interior, sino que reduce la capacidad de atención de toda la ciudad cuando más se necesita.
Guayasamín considera necesario evaluar las edificaciones esenciales de mayor antigüedad y establecer cuáles requieren reforzamiento.
Carrillo señala que el Municipio mantiene asegurado alrededor del 99% de su infraestructura, pero recuerda que existen hospitales y establecimientos educativos ubicados en Quito cuya administración corresponde al Gobierno Nacional.
Esto obliga a establecer una política coordinada entre el Gobierno Central y el Municipio para garantizar que la infraestructura esencial pueda responder después de un terremoto.
5. Regularizar construcciones, pero con seguridad estructural
La regularización de las construcciones informales tampoco debería limitarse a entregar documentos que reconozcan edificaciones existentes.
Carrillo explica que desde la Secretaría de Hábitat se trabaja en procesos de regularización, pero estos deben estar condicionados al cumplimiento de parámetros de reforzamiento estructural.
En sectores considerados de alta amenaza, la respuesta debe ser diferente.
Cuando una vivienda se encuentra en un lugar donde el peligro no puede reducirse razonablemente —como determinadas áreas vinculadas al río Monjas— las alternativas pueden incluir medidas de mitigación e incluso la relocalización de las familias, en lugar de consolidar asentamientos expuestos.
Quito prepara un simulacro masivo para octubre
La capacidad de respuesta de la ciudad será puesta a prueba con un simulacro masivo previsto para octubre, según anunció Carrillo.
El ejercicio no consistirá únicamente en evacuar edificios. También permitirá evaluar protocolos, coordinación institucional, capacitación y capacidad de respuesta frente a una emergencia.
Sin embargo, los especialistas recuerdan que los simulacros constituyen solo una parte de la prevención.
Saber cómo actuar y evacuar puede salvar vidas, pero la reducción del riesgo comienza mucho antes del terremoto: cuando una vivienda se diseña correctamente, cuando se evita levantar pisos adicionales sin estudios técnicos, cuando se refuerzan estructuras vulnerables y cuando hospitales y escuelas están preparados para continuar funcionando después de una emergencia.
Quito no puede impedir que ocurra un terremoto, pero sí puede trabajar para que un fenómeno natural de gran magnitud no se transforme en una catástrofe de mayores proporciones.
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