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Cerca de cuatro personas al día desaparecen en Ecuador


En 2025 se registró a 1.384 personas que siguen desaparecidas; de ese total, 403 fueron encontradas sin vida. Las cifras oficiales evidencian que el quiebre se produjo en 2023 y, desde entonces, la tendencia al alza no se ha detenido.

Durante varios años, las desapariciones en Ecuador crecían lentamente. Eran números que subían, sí, pero de forma gradual. Hasta que algo cambió.

Según datos del Ministerio del Interior, en 2017 se registraron 89 personas que quedaron desaparecidas y 174 que fueron encontradas fallecidas, sumando 263 casos con desenlace grave.

En 2018 la cifra total de desaparecidos ascendió a 276; en 2019 llegó a 288; en 2020 se ubicó en 297; y en 2021 dio un salto más evidente hasta alcanzar los 382 casos.

El incremento era sostenido, pero todavía contenido.

El primer salto fuerte se dio en 2022: 278 personas permanecieron desaparecidas y 314 fueron halladas sin vida. En total, 592 casos. Era casi el doble que en 2021.

Pero lo que vino después fue aún más alarmante.

2023: el año en que todo empeoró

En 2023 el país registró 446 personas que continuaron desaparecidas y 456 que fueron encontradas fallecidas. En total, 902 casos. Fue el punto de quiebre.

Por primera vez, los números casi se duplicaban frente a los años previos. La línea que venía subiendo con cierta estabilidad se convirtió en una pendiente abrupta.

Desde ese año, el fenómeno dejó de ser una tendencia creciente y pasó a ser una crisis evidente.

En 2024 la cifra no bajó. Al contrario. Se reportaron 531 personas desaparecidas y 434 fallecidas, sumando 965 casos. Y 2025 rompió cualquier techo anterior.

2025: el año más crítico

El año pasado cerró con 981 personas que siguen desaparecidas y 403 que fueron encontradas fallecidas. En total, 1.384 casos en apenas doce meses, un 43% más que lo registrado en 2024.

Solo el número de desaparecidos en 2025 (981) es once veces mayor que el registrado en 2017 (89).

Desde 2023 el crecimiento es evidente. Entre 2022 y 2025, el total anual pasó de 592 a 1.384. Más del doble en apenas tres años.

El país no solo enfrenta más violencia, sino más personas que simplemente dejan de aparecer.

El año 2026 arrancó con 203 personas que permanecen desaparecidas y 20 encontradas fallecidas solo en enero. Son 223 casos en un mes. La tendencia no se ha revertido.

Casos en provincias

El impacto de esta crisis no es homogéneo en todo el país. Las cifras muestran que las desapariciones se concentran principalmente en las provincias más pobladas y también en aquellas golpeadas por la violencia criminal.

En 2025, Guayas encabezó el registro con 350 personas que permanecen desaparecidas y 162 encontradas fallecidas. Le sigue Pichincha, con 95 desaparecidos y 62 fallecidos.

Manabí reportó 84 desaparecidos y 28 hallados sin vida, mientras que Esmeraldas registró 54 personas que continúan desaparecidas y 26 encontradas fallecidas. También destacan El Oro y Los Ríos, con cifras relevantes dentro del total nacional.

El patrón se repite en el arranque de 2026. Solo en enero, Guayas y Pichincha volvieron a concentrar la mayor cantidad de casos.

Héctor: cuando la cifra tiene nombre

En medio de estos números está la historia de Héctor Fernando Enríquez Ruiz.

El joven otavaleño desapareció en Quito en febrero de 2026. Su familia inició una búsqueda desesperada.

Días de incertidumbre, versiones cruzadas, esperanza sostenida en llamadas y operativos. Hasta que llegó la noticia que nadie quiere recibir: su cuerpo fue localizado en la vía Alóag Santo Domingo.

Héctor no aparece en los registros de enero porque su caso ocurrió en febrero, pero su historia encarna la dimensión humana de esta crisis.

Su nombre es uno entre miles. Pero para su familia no es un dato: es una ausencia definitiva.

Las estadísticas muestran una línea clara: desde 2023 el país vive un desorden en las desapariciones.

El número de personas que no regresan a casa crece con una velocidad que no se veía en años anteriores. Y aunque en algunos periodos disminuyen ligeramente los hallazgos de personas fallecidas, el volumen total de casos continúa en niveles históricos.

La pregunta que queda flotando no es solo cuántos son. Es por qué.

Porque cada cifra encierra una espera. Cada número representa una familia que no duerme. Y cada aumento anual confirma que la desaparición dejó de ser un hecho aislado para convertirse en una herida abierta que el país todavía no logra cerrar.

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