
Una menor de edad habría sido víctima de acoso y obligada a bajarse en una parada que no era la suya.
Más del 70% de la ciudadanía de Quito utiliza el transporte público. Dentro de ese porcentaje se encuentran miles de niños, niñas y adolescentes que diariamente se trasladan a sus instituciones educativas y otros destinos sin la compañía de un adulto.
Los agresores suelen identificar la vulnerabilidad de sus víctimas para acercarse. Aprovechan que los buses están llenos o, por el contrario, con pocos pasajeros para cometer tocamientos indebidos, intimidarlas o presionarlas a realizar acciones en contra de su voluntad.
La Empresa Pública Metropolitana de Transporte de Pasajeros de Quito informó a Radio Pichincha que, hasta julio de 2026, recibieron 129 alertas por presuntos casos de acoso en el Trolebús y la Ecovía.
De estas, 64 resultaron ser falsas y 44 fueron atendidas por el Servicio de Atención al Usuario y Seguridad.
| De las 129 alertas | |||
| Dos recibieron atención psicológica | 64 fueron falsas | 12 no contestaron al llamado de asistencia | Nueve se registraron fuera del sistema |
Como parte de la política Cero Acoso, impulsada por el Municipio de Quito, los 60 nuevos trolebuses eléctricos cuentan con cámaras de videovigilancia y botones de pánico.
Estos últimos fueron activados en dos ocasiones. Además, las personas afectadas pueden enviar un mensaje SMS al número 6367 con la palabra “acoso” o escanear el código QR ubicado en la señalética de todas las unidades, incluidas las de la Ecovía.
El más reciente estudio sobre Violencia Sexual en el Transporte Metropolitano y Metro de Quito, elaborado en 2025, señala que casi cuatro de cada diez mujeres (37,86%) afirmaron haber sido víctimas de acoso o abuso sexual en el Trolebús, la Ecovía y el Corredor Central Norte. Asimismo, cinco de cada diez indicaron haber presenciado este tipo de violencia.
Los tipos de acoso más frecuentes son:
- Miradas persistentes o morbosas: 77,50%.
- Gestos vulgares: 62,59%.
- Rozamientos con los genitales: 55,98%.
En el Metro de Quito las cifras son menores. Nueve de cada diez mujeres manifestaron sentirse seguras o muy seguras, mientras que apenas un 2% afirmó haber presenciado casos de acoso o abuso.
Adolescente víctima de acoso
La tarde del martes 21 de julio de 2026, una adolescente de 17 años que viajaba en el Trolebús habría sido víctima de acoso. Así lo denunció un ciudadano que también se movilizaba en la unidad y que advirtió el comportamiento del presunto agresor hacia la menor.
Según el testimonio, el sospechoso incluso habría obligado a la adolescente a descender del bus en la parada de Santo Domingo, en el Centro Histórico de Quito. Al percatarse de la situación, el ciudadano alertó de inmediato a las autoridades.
El presunto agresor fue retenido por el Cuerpo de Agentes de Control Metropolitano hasta la llegada de la Policía Nacional, que lo trasladó a la Unidad de Flagrancia de la Fiscalía General del Estado. Mientras tanto, la adolescente permaneció bajo resguardo hasta que llegaron sus familiares.
¿Qué ocurre en el sistema de transporte público?
Si un hecho de estas características ocurre en un sistema de transporte municipal que cuenta con protocolos de prevención y atención, surge una interrogante: ¿qué sucede en los buses particulares que utilizan diariamente miles de niños y adolescentes y donde, por miedo, muchas víctimas no se atreven a denunciar?
La abogada especialista en litigio estratégico de niñez y adolescencia, Sybel Martínez, señaló que el transporte público puede convertirse en uno de los espacios más inseguros para los menores de edad.
Por ello, considera indispensable fortalecer las medidas de protección mediante la implementación de:
- Asientos adecuados para niños
- Cinturones de seguridad
- Mejor iluminación en las paradas
- Cámaras de videovigilancia
- Botones de pánico
- Una aplicación móvil que permita a los menores alertar a un familiar sobre una situación de riesgo y compartir su ubicación en tiempo real.
Martínez también subrayó la necesidad de capacitar a conductores y operadores del transporte público para que puedan responder adecuadamente ante estos casos, además de impulsar campañas de sensibilización dirigidas a la ciudadanía sobre la protección de niños, niñas y adolescentes.
“Entender que debemos ceder el asiento a niños y adolescentes y garantizar su protección es una responsabilidad de todos los adultos”, enfatizó.
Una historia que refleja la realidad
Carlita tiene 10 años y todos los días toma un bus desde Santa Rosa de Chillogallo hasta el Centro Histórico, donde estudia.
Por las mañanas, su padre la acompaña hasta la institución educativa antes de dirigirse a su trabajo. Sin embargo, por las tardes debe regresar sola a casa, ya que su madre también trabaja.
El trayecto puede durar más de una hora. A Carlita le gustaba sentarse junto a la ventana para distraerse durante el viaje, pero esa rutina cambió el día en que un hombre se sentó a su lado.
Según relataron sus familiares, el sujeto colocó una maleta sobre sus piernas para cubrir parte del cuerpo de la niña y, aprovechándose de su vulnerabilidad, la tocó de manera indebida en sus partes íntimas.
Carlita no pidió ayuda ni denunció lo ocurrido. Permaneció inmóvil hasta llegar a su parada y caminó hasta su casa sin mirar atrás.
Ese día, sus padres notaron que estaba triste. Tras conversar con ella, la niña les contó lo sucedido. Desde entonces, la familia solicitó el apoyo de familiares para recogerla a la salida de clases, ya que no cuenta con los recursos económicos para contratar un servicio de transporte escolar.
Recomendaciones
El psicólogo clínico y forense Sebastián Santy consideró que muchos menores de edad y sus familias no denuncian los casos de violencia sexual debido al estigma social que aún rodea este tipo de delitos.
Según explicó, en muchos casos la víctima siente mayor vergüenza por verse involucrada en un proceso judicial que el propio agresor.
El especialista añadió que otro factor que desalienta las denuncias es el temor a posibles represalias. A su criterio, la percepción de inseguridad que reflejan diariamente los medios de comunicación lleva a muchas familias a dudar antes de poner estos hechos en conocimiento de las autoridades.
“Además, instituciones del Estado como la Fiscalía y las Juntas de Protección se encuentran saturadas”, señaló.
Entre las principales recomendaciones planteadas por Santy constan:
- Que las instituciones educativas socialicen de manera permanente las rutas y protocolos de actuación frente a casos de violencia dentro y fuera de los planteles.
- Denunciar los hechos ante las autoridades competentes en un plazo máximo de 48 horas para que el caso pueda tramitarse en flagrancia, cuando corresponda.
- Fortalecer, desde la familia y la comunidad educativa, la educación para la prevención de la violencia sexual.
- Enseñar a niños, niñas y adolescentes a reconocer los límites de su cuerpo, identificar el contacto físico inapropiado y respetar la autonomía corporal propia y la de los demás.
- Desarrollar habilidades de autoprotección que les permitan expresar un “no” de manera asertiva frente a situaciones de riesgo.
- Alejarse de cualquier situación o persona que les genere incomodidad o sensación de peligro.
- Comunicar de forma inmediata cualquier hecho a un adulto de confianza.
Por su parte, Fernando Ocaña, profesional del Departamento de Consejería Estudiantil (DECE), planteó otras recomendaciones para los menores de edad que no tienen otra alternativa que movilizarse solos en el transporte público:
- Evitar, en la medida de lo posible, espacios con alta aglomeración de personas.
- Viajar junto a otros estudiantes que utilicen la misma ruta.
- Si una persona se acerca de forma inapropiada o perciben una situación de riesgo, alejarse de inmediato y buscar ayuda del conductor o de otro adulto de confianza.
Ocaña subrayó que, si un niño, niña o adolescente es víctima de violencia sexual durante un trayecto en transporte público, el hecho debe ser reportado a la institución educativa a la que pertenece para que se activen las rutas y protocolos de actuación correspondientes y se garantice la restitución de sus derechos.
Diana Davila
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